miércoles, 23 de enero de 2019

Buenos días

Ya amaneció, pero aun duermes, es la hora del desayuno.

Abro lentamente la ventana para que el sol ilumine la recámara, te mueves un poco, abres los ojos lentamente tratando de evitar los fulgores de la mañana.

Y es ahí, es ese mismo momento que puedo ver esos ojos de mar que fluyen, vuelven a la calma, y vuelven a inflamarse como una ola.

Lo sé y no lo puedo creer que sea cierto, unos hermosos ojos completamente abiertos contemplandome, quizá pueda decir que son iguales a todos los ojos que he visto, sin embargo, no me engaño, esos ojos fluyen, me transforman, me enamoran, como ofreciéndome un paisaje que sólo yo puedo adivinar, desear y disfrutar.

Abrumado a causa de la revelación que acabo de presenciar,  apenas y puedo hilvanar unas palabras entrecortadas por la ansiedad:
-buenos días mi amor, cómo amaneciste hoy?-

No lo puedo negar, eres mi poema hecho realidad

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